http://naissant.wordpress.com
Agradezco a mis poquitos pero fieles lectores por comentar acá.
Los espero en el nuevo espacio.
Hasta pronto !
- Location:La Serena, Chile
'La muerte es una cuenta regresiva; nosotros sólo hacemos que se demore un poco más'
Dr. Cox - Scrubs
Serían las dos de la mañana de cualquiera de estos días llenos de chicha y empanadas (no he tomado un sorbo de chicha y sólo me he comido dos empanadas), hacía frío y ya me había metido en la cama para no congelarme; trataba de abrigar mis sábanas sólo con el recuerdo del amor ausente, pero no es tema de esta entrada (aunque su recuerdo bastó para entrar en ese calor suave pero triste porque te hace añorar una caricia, un beso...), y puse la TV. Para ir variando la programación de mi canal personal de todos los tiempos -como diría Marcela- comencé con una serie que he estado bajando. Scrubs.
Los capítulos son cortos, así que me entretuve con varios. Uno se llamaba 'my old lady', y tocó un tema que no me había planteado con seriedad. ¿Qué pasa si se muere un paciente con el que creé un vínculo? No importa si esa unión fue porque nos hicimos amigos, o porque llegó inconsciente y averiguar la causa de su mal se convirtió en mi desafío, o porque lo operé de algo y al final murió de algo desconocido, que no pude evitar o ni siquiera prever. No importa como, pero se me muere. La pregunta varía un poco, entonces; ¿qué pasa? ya se sabe (muertes hay siempre en los hospitales). Sería ¿qué me pasaría si se me muere un paciente?
Hasta ahora he tenido mucha empatía con cada una de las abuelitas y abuelitos y chicos y chicas que he conocido, y me he sentido muy contento de que regresen a sus casas con una sonrisa y con el regalo de la curación; hasta espero encontrármelos en la calle un día, para conversar de la vida y de como van. En el arte-ciencia de la medicina encontré la mejor de las formas de ser útil y dar cosas buenas a la gente; salud será un día (cuando trabaje), y ahora es una palabra de aliento o una sonrisa. Ellos lo agradecen, y a mí me hace sentir bien.
Pero con la muerte no he tenido contacto hasta ahora, aun teniendo en cuenta el poco tiempo que llevo en esto. Varios de mis compañeros ya vivieron la experiencia y nada les ha pasado; será porque están más curtidos, o porque son más fríos, o porque saben separar bien las cosas, la cosa es que lo superaron. Cuando me llegue mi hora no sé como lo afrontaré; es un paciente, y por lo tanto está en riesgo implícito de morir ahí en el hospital. Pero es un ser humano con el que hablé de alguna forma; me acerqué a él y conocí un trozo de su vida, y quizá fui la última persona con la que pudo entreabrir las puertas de su corazón marchito por la enfermedad y el cansancio.
Yo creo que ese lado me la ganaría un poco enfrentándolo con la enseñanza de 'suave dureza' que nos inculcan en la universidad para no derrumbarnos; no estoy diciendo que caeré en depresión con cada una de las muertes que vea, pero imagino que la primera no la olvidaré. Es probable también que esté magnificando un hecho que para muchos es intrascendente... la cosa es que igual me complica un poco. Verlo morir, recibir la noticia, dar la noticia a sus familiares... eso no me toca hacerlo ahora; menos mal que para eso está el médico que ya está acostumbrado.
Ese es el tema. Para eso nos meten en el hospital desde tan chicos; tenemos que acostumbrarnos a muchas ideas y conceptos que suenan bonito en una clase o se ven bien en un documento, o bien tenemos que desechar otras tantas que traemos. Como la frase que dijo el dr. Cox a su pupilo interno, nosotros no podemos vencer a la muerte; ella llegará de todas formas, y nosotros somos los encargados de retrasarla. La idea de volverse invulnerable a la muerte es una de las que hay que enmarcar en el cuadro donde metemos los recuerdos y vivencias románticas de la vida universitaria como estudiante de medicina.
Tengo mucho que aprender. Tengo mucho que crecer aún.
Pero ya habrá tiempo para ello.
Y tú, ¿le temes a la muerte?
- Location:La Serena, Chile
La Sol
No creo que esta chica se imagine que la estoy parafraseando ahora, mientras yo estoy viendo un DVD sin mayor plan que acostarme temprano y ella, por el contrario, ha de estar zapateando cuecas que es un gusto. La conocí hace meses con ese nick en su MSN y ahora, con el tiempo y de golpe, me doy cuenta de que la oración encierra hartas cosas dentro las siete palabras que tiene; vamos, lo que se dice 'a buen entendedor, pocas palabras'. Tiene talento esta cristiana.
Ojalá tuviéramos la altura de miras para poder mirar nuestro existir actual desde fuera, como si estuviéramos metidos en una casa de vidrio que lleva un panel luminoso fuera, que va rezando lo que pensamos a medida que avanzan las horas. Sólo podemos analizar nuestros actos una vez que ya han ocurrido, y eso si ha pasado un buen tiempo, aunque tampoco mucho; cuando es muy poco aún estamos viciados por la coyuntura, y cuando es demasiado ya se nos olvidó. Otro más de los equilibrios que tenemos que saber llevar.
Y la frase de Sol hace sentido ahora, que pienso en el pasado y soy feliz, a pesar de todo. La vida común, la que vivimos a diario, está en un vaso de transparente agua que vemos todos los días, al despertar. Sin darnos cuenta -o sí- caminamos con él todo el día y le vamos poniendo colorantes y saborizantes a medida que conversamos, pensamos, hacemos y descansamos; ni aunque quisiéramos podríamos evitar meter cosas dentro de ese vaso. Así avanzan las horas, hasta que nos tomamos su contenido antes de cerrar los ojos y nos dormimos con ese sabor que nos dejó el líquido, que se ha ido ya a esas alturas directo a la mente.
Los que viven como autómatas (a todos nos ha pasado) vuelven automática hasta la última de las frases que sueltan durante sus horas despiertos; el sabor del agua que se beben antes de dormir es tan parecido al del día anterior, que pasan de él y jamás pensarían en variarlo. De vez en cuando el color es distinto o el dulce cambió por ácido; olvidan entonces su condición de autómatas y se quejan un rato, esperando que llegue la noche en que su vaso se tiña del color de siempre y su lengua sienta como siempre. Si no pasa habrá más quejas; si pasa, la vida vuelve a ser normal. Es la mayor libertad que se permiten.
Pero, como pasa siempre en un mundo de autómatas, no falta quien toma conciencia de su potencial y abandona las paredes de la cárcel que él mismo se ha fabricado para tomar control de su propia vida, hasta en sus más mínimos detalles. Y el sabor con el que quiere dormirse noche a noche es uno de ellos. Entonces este ser inteligente (porque un ser que hace las cosas a repetición, a imagen y semejanza de los demás, no es inteligente) se dedica a recolectar lo mejor que le ofrece la vida para ir poniendo dentro de su vaso, y en la noche no puede evitar sonreir al beberse de un trago el dulce jugo de su propia vida.
Cuando este ex-autómata toma el control, ciertamente que le gustaría sentirse menos solo en este mundo de robots, y comienza a ganarse la confiaza de sus cercanos pero fríos compañeros, para que poco a poco vayan logrando recoger los frutos de las cosas buenas que hacen y olviden los sabores amargos, que para eso hay muchos que los toman sin pensar y se los beben sin chistar. Lo que hablan estas películas de hombres raptados por monos o los buenos torturados por los ejércitos malvados no mienten del todo; quizá ellos ya encontraron la manera de liberarse de las ataduras, y mediante su largometraje intentan hacer lo mismo con los espectadores.
Mirando hacia atrás, y por mucho que me alegre de la vida que hasta ahora he llevado, yo era un autómata que se alegraba con un sabor dulce pero vacío, o se quejaba del gusto amargo sin más que cerrar los ojos y tratar de olvidarlo. Muchas y muy juntas cosas tuvieron que pasar para que despertara del letargo y mirara con la mirada despejada a mi alrededor y a mí mismo, y cayera en la cuenta de que tanta maravilla no podía dejarse ir así como así. Esta vida hay que vivirla...
Y esta pequeña Sol tenía razón con su nick. Si la vida no fuera como nos la tomamos, la alegría de vivir y la leve pero espectacular espontaneidad del ser se vendrían envasadas por todo el mundo, con la marca de alguna transnacional de bebidas negras y dulzonas. El copyright del refresco de cada noche es impagable hasta para el más ambicioso de los robots.
Sol fue una de las autómatas que cobró vida nueva.
Y logró persuadirme. Gracias.
Y tú, ¿qué te bebes todas las noches?
- Location:La Serena, Chile
Proverbio popular
Sabio fue el que dijo que la vida tenía muchos caminos. Claro, uno tiene dos pies y se mueve como puede con ellos, pero joder que uno puede irse por rutas insospechadas... y cuando queremos darnos cuenta, la maleza ya tapó la ruta de origen, y no queda más que ponerle huevos y seguir. Hasta donde esté el próximo claro, o hasta el precipicio, o hasta el desvío salvador antes de la muerte (metafórica, por cierto).
Todos los días uno debe ponerle huevos a lo que le toca vivir: hoy, por ejemplo, una enfermera tan vieja como desagradable se desquitó conmigo por una frase que dije en el hospital -supongo- y se dio el lujo de retarme delante de mis compañeros y los pacientes; una falta de tino enorme, porque supongo que a ella no le gustaría que la enfermera jefe de servicio la reprendiera delante de sus compañeras. Más encima injustificada; esta señora se equivocó medio a medio, y se va a enterar. Pero tuve que ponerle huevos, y responderle educadamente a cada frase con la que me bombardeó.
El problema comienza cuando uno cree que se ha escaqueado de las consecuencias de sus actos; como quien asalta un banco y se pone a gastar la fortuna en hacerse la cara de nuevo y comprarse una casa en Chicureo sin que los rati lo pillen. Al principio uno igual se persigue, porque cree que en todos lados hay ojos y oídos atentos a cada movimiento, pero luego uno se relaja y continúa con la dulce rutina del botín conseguido sin mucho esfuerzo, aunque con mucha suerte. Y la vida sigue...
Todo es miel sobre hojuelas hasta que algo falla; un detalle que no cuidamos, o alguien que nos vio y no logramos silenciarle, o una traición como puñalada trapera, o cualquier cosa. Esto del libre albedrío tiene sus bemoles; cuando necesitamos libertades es perfecto, pero cuando nuestra estabilidad emocional depende de personas a las que no podemos controlar, el asunto se torna un tanto peligroso. Pero somos capaces de vivir con ese miedo latente hasta el punto de olvidarlo, y el relajo viene a ponerse en la hamaca de al lado de la fortuna. Y el sol es tibio, y la vida sigue...
Un tiro suena a lo lejos, o unos gritos retumban en el ambiente tranquilo que hemos logrado construir con otro rostro, pero con las mismas intenciones del principio. La bulla va creciendo, los pasos se acercan y no tenemos mucho tiempo para reaccionar; la hamaca ya no soporta nuestro peso y el relajo se ha evaporado como agua hirviendo, pero la fortuna es muy pesada y no podemos sacarla de su cama flotante. Es mejor que nos pillen sin tratar de esconder lo que no se puede esconder.
Ponemos cara a la policía de nuestra conciencia, que se parece mucho a la policía del enjuiciamiento ajeno, y la avalancha no se deja esperar. Una explicación vana, o una cabeza gacha o una frente altiva; de cualquier manera la máscara que nos forjamos cae sin hacerse añicos (el testimonio siempre queda a nuestros pies) y dos ojos ahora limpios de mentira asoman a la luz de los hechos, tratando de pedir perdón o por último siendo educados.
Es una forma desesperada de ponerle huevos; no lo hicimos en un principio, como debimos, y por eso tuvimos mucho tiempo para guardar valentía y usarla toda junta. Eso es en teoría, porque con fortuna y relajo a lado y lado uno no se preocupa de acondicinonar una hamaca para la valentía. Y nos mira, burlesca, desde la azotea de la mansión sin cimientos que armamos a nuestro antojo, sólo por el hecho de darnos un gusto.
Entre las ruinas del edificio seguimos, de pie y solos ahora, pensando en lo que se viene. Algunos suertudos logran reconstruir la mansión y seguir viviendo en ella casi como si nada hubiera pasado; otros han de salir de aquellos escombros, para reflexionar y tratar de aprender a no hurtar ilusiones, a no violar confianzas, a no ultrajar necesidades por el sólo hecho de la satisfacción personal. Excusas, muchas; válidas, casi ninguna.
Moralejas: si hay que ser valiente, hay que serlo desde un principo. Podré mirar en mi pasado y ser feliz, pero ciertamente hay detalles que pesan. Hoy pesan, y estoy poniéndole huevos como mejor puedo.
Y tú, ¿has sabido ponerle huevos a tus actos?
- Location:La Serena - Chile
'Pensar en el pasado y ser feliz... ser feliz'.
Nino Bravo - Vivir
Estaba el otro día sentado en el suelo frío pero acogedor de la Facultad con los compañeros, fumando y riendo en espera de la clase que seguramente teníamos (o haciendo vida social, que aún no lo olvidamos). De pronto apareció Diego y le dije '¡Diego!' como siempre le digo para que despierte, y me incorporé para estrechar su mano y conversar unos minutos antes de que llegue su novia y lo rapte; como siempre fue la música la que acaparó el tema, y nos acordamos de una de las primeras canciones que nos aprendimos...
En esos tiempos soñadores de primer año soñábamos con hacer de ella un musical entero, porque la actitud y la voz que hay que tener para cantar como Nino Bravo da para grandes cosas. El tiempo ha pasado y esa idea aún sigue dentro de nuestras mentes, saliendo a respirar para no morir sólo cuando la voz de mi amigo y la mía sacan la tapa de la memoria y dejan entrar un poco de luz ahí dentro. Se lo llevó su novia cuando llevábamos estrofa y media, y la canción quedó dando vueltas en mi cabeza un rato.
Ahora la recuerdo de nuevo... porque pienso en mi pasado y no puedo encontrar nada que sea tan malo como para opacar la felicidad y las sonrisas que he conocido. Y dentro de ese pasado hay algo en particular, algo que tiene nombre y cuerpo, que quizá sea quien más sentimientos antagónicos, sincrónicos, sinérgicos y descoordinados me haya traido en mis cortos 21 años. Quiera o no quiera, su recuerdo en forma de cara, olor y sabor se une a mí en el viaje a los días que ya no tienen hojas en el calendario; su presencia es básica hasta cuando no existía.
407 días... son 407 exactos amaneceres los que he visto bajo el alero de su pensamiento; son 407 mañanas las que he visto pasar con su mano cerca de la mía; son 407 tardes las que se han ido frente a nuestros ojos; son 407 noches las que han sido testigos de todo cuanto nos hemos dicho, callado, dedicado y ocultado. El número me suena a poco; claro, como 407 pesos me suena a precio de oferta en Líder, 407 estampillas aún no hacen una colección y 407 días son poco más de un año, cualquiera se engaña con la cifra.
Pero ni yo imagino lo importante que es para mí que cada 24 horas ese número vaya creciendo junto con esto que llevo dentro y que no he sabido nombrar como se debe, por mucho que quiera salir desde mis entrañas para golpear su cara y sus manos hasta dejar las llagas donde quizá se lea lo que quiero decir. Creo que si no hubiera estado conmigo todo este tiempo, las cosas que hubiera hecho con mi vida y mi entorno serían muy distintas; cae de cajón, dirán, pero yo sé por qué lo digo.
Todas estas jornadas he tenido ganas de muchas cosas, pero han sido pocas las que he podido hacer al fin y al cabo; el destino que jugó con nosotros desde el momento mismo de conocernos (si no es por el destino no existiría este texto) se encargó y se ha encargado hasta ahora de ponernos en un péndulo de esos de dos bolitas, que se juntan y se rechazan todo el tiempo, pero que penden de un único centro. La cinética ha durado mucho, y los roces no son suficientes.
Y por fin ha llegado el momento de tomar el destino y jugar con él, como debí hacerlo hace ya mucho tiempo. "De no ser por mirar atrás y recordar mis 407 días con una sonrisa, quizá seguiría conformándome con la vida que llevo contigo por otros 407".
Haber visto a mi amigo Diego ese día, y haber cantado con él esa canción, por fin logró que mis ojos terminaran de despegarse de esa legaña pesada y verdosa que tuve conmigo por muchos de esos 407 días; mis manos no querían despejarla, quizá por miedo o por un deseo estático de placer vano que dura menos que los tres minutos de la canción.
'Pensar, hablar, soñar... llorar, luchar, reir... sentir, amar, sufrir... eso es vivir'.
Gracias a mi amigo Diego, que sin querer me ha ayudado mucho.
Y gracias a ti por estos 407 días. Salud por ellos. Que sean muchos más.
Y tú, ¿has vivido 407 días como los míos?
- Location:La Serena, Chile
'Vicenta, fuma con María para relajarte antes de dormir.
'Y esa, ¿quién es?
' ¡Un porro, coño! Un porrillo antes de dormir.'
La Hierbas, Aquí No Hay Quien Viva
Esta mujer es una gurú moderna; lástima que la serie haya terminado y los guionistas la hayan convertido en una peluquera en la serie secuela. Yo creo que se fumaban algo antes de escribirle sus diálogos con la pipa de agua que no la dejaba ni en la cama. La Hierbas es un mito urbano; lamento que pocos de ustedes la conozcan.
Y me acuerdo de ella y el humo místico que la rodea porque ya llevo una semana viviendo un poco en el cannabinoide mundo de La Hierbas, allí donde todo es de colores pastel y donde todos caminan como flotando por el suelo, con menos preocupaciones serias y más preocupaciones prácticas, como sonreír y ser amable con el resto. Cada día me gusta más esto; duelen menos los pies después de un día pesado, el bruxismo mañanero es más llevadero y la gente pregunta menos por mi estado de ánimo y se anima más a divertirse conmigo.
El lunes fue el último día depre; me acosté con la sensación de que todo lo que había hecho en este mundo estaba vacío y no me había dejado nada de lo que apoyarme en caso de necesidad. Un día de mierda, así que me dormí temprano para que se terminara luego; cuando ves que las cosas no te están resultando como debieran y ya es una hora prudente, mejor es dormirse. El carma del día se esfuma junto con la conciencia, pero se van a habitaciones separadas.
El martes en la mañana me levanté con una sonrisa; mientras me bañaba busqué alguna razón para mostrar los dientes (no me los he blanqueado ni nada) y no la encontré, pero seguí riéndome. La mañana hspitalera fue muy simpática y el resto del día también; si hasta en ética me entretuve. Muy hiperactivo llegué a la casa y me puse a estudiar sin quejas -otro milagro- y así se me acabó el día. Pensé que era sólo por esas 24 horas mi estado de alegría idiopática, pero el miércoles fue igual. Y el resto de la semana también, hasta hoy.
Y me acordé de La Hierbas para definir el estado cannabinoide en el que me encuentro. No me he fumado nada -no tengo pipa de agua y mi pipa de tabaco está prestada- pero me siento como con esa sensación de liviandad después del porro; si han fumado me entienden. De alguna manera logre perpetuar mi estado alucinógeno sin estimularlo con nada más que cigarros y unas cuantas frutas al día, algunos días.
No me quejo (esto de vivir feliz sin preocuparme de lo que me falta para lograrlo sino que alegrándome por mis progresos es la leche) pero sí me extraño un poco (remítase a mis textos de unos meses atrás). No le voy a dar muchas vueltas, en todo caso; ni ahí con marearme con el intento de filosofar un asunto que prefiero que se quede en el misterio; cuando quiera ganarme el Nobel conmigo mismo quizá me entretenga. Ahora me dedico a disfrutar de mi día a día.
Ah, y no piensen que me volví adicto a alguna droga o algo; la verdad es que me fumé un par de porrillos el viernes antepasado, pero nada más. Como casi todos ustedes soy un fumador ocasional (de meses de distancia entre pitos) así que de adicto no tengo ni el pelo. Es algo interno, mío.
Quizá sea que se fue agosto y el frío me envenenó las neuronas de la felicidad; mes de mierda, menos mal que ya pasó. En septiembre muchos botan más agua de la nariz que por la orina; como a mí no me pasa eso me voy alegrando poco a poco con el mundo que cambia a mi alrededor. La diferencia es que este mes me ha hecho cambiar a mí también; quizá el polen de los plátanos orientales salió con volón esta primavera.
Bueno, a oler el aire de la ciudad con salud, entonces.
Y que viva el recuerdo de La Hierbas, la mujer más feliz de esta, nuestra comunidad.
Me voy a fumar antes de la siesta (un cigarro).
Y tú, ¿sabes como vivir volado sin porros?
- Location:La Serena, Chile
Proverbio anónimo.
Hoy sí que le hago justicia al refranero popular; la cabeza ya me estalla de dolor y no sé por qué sigo sentado frente al PC, ciertamente. Muchos (me incluyo) nos hemos reido de las dimensiones anacrónicas de mi testera; de hecho, la última vez que la medimos llegó a algo así de 60 centímetros. O sea, Pilar Jarpa tiene menos cintura que yo de cabeza. Cifras puras y duras.
Me levanté un poco temprano para ser fin de semana, y no sentía nada más que la típica modorra dominical que intenta amarrarte a la cama, aunque no con tanta fuerza para vencer el brazo un tanto amargo de la responsabilidad universitaria. En todo caso el hambre fue más poderosa que ambas y comí primero mi religioso par de yogures con cereal; la TV estaba encendida y mi cabeza, bastante tranquila.
El computador no se apagó en toda la noche; me senté frente a su pantalla después de desayunar y me quedé un rato, para ver mis contactos y hacer vida social mañanera. Mi dolor de cabeza comenzó entonces, como una premonición o como una simple molestia; perdí un poco de ánimo, porque sé que me va a acompañar hasta que me quede dormido en la noche. Un rato después mi cerebro ya palpitaba como sabe hacerlo cuando quiere doler, y mis ojos se entrecerraban como pidiéndole que por favor se quedara quieto; mi organismo en masa rogaba por piedad, pero mi masa inteligente no oye razones cuando duele.
"Mi amigo y mi amiga imaginarios aparecieron entonces, revoloteando a mi alrededor; cuando era chico tuve la genial idea de entretenerme primero con ella, pero para que los juegos fueran más entretenidos (jueguen UNO con amigos imaginarios, es la hostia) me inventé a un compañero de juegos. No tienen nombre, sólo existen; desde que ya me convertí en hombre que los veo poco, pero vienen de repente, y de preferencia cuando mi lucidez no está al 100%. Tal como ahora.
"Pasaban las horas y mi cabeza no tenía ni ganas de dejar de palpitar; la verdad es que mis pequeños amigos tampoco tenían muchas ganas de irse. Recordando viejos tiempos nos pusimos a conversar de mi vida y de las suyas; son como padrinos mágicos, porque se van siempre donde otros niños que tienen problemas o se sienten solos, como yo a veces en mi niñez. Sonreímos y estallamos en carcajadas muchas veces; supongo que desde fuera de mi pieza se me oía, pero nadie me vino a preguntar por qué reía.
"De pronto la cabeza me dolío demasiado; el palpitar era ya demasiado fuerte, y me costó mirar, oír, todo. Cuando recuperé el 'sentido' -pareció como si lo hubiera perdido- mis pequeños amigos se alejaban hacia la ventana cerrada, de la mano y sin mirar atrás; o sea ni pensar en una despedida. El cerebro me palpitó de nuevo y me tomé la frente con una mano, como esperando calmar la injuria, pero nada logré más que entender...
"Después de tantos años por fin se les ocurrió... claro, en vez de perder el tiempo conmigo, mejor se hacían amigos entre ellos y me dejaban solo. Entre pensarlo y hacerlo no esperaron demasiado."
Han pasado muchas horas desde que me levanté, y la cabeza me duele más que nunca. Tengo hasta los hombros y el cuello como tomados; creo que necesito una siesta, pero rápido. De añadidura han habido noticias malas, pizza que cocinó mi mamita, estudio de úlceras y unas pocas ideas tontas, como que en otra vida fui Calígula y por eso estoy pagando pecados (o limpiando el karma) con todas las tonteras que me han pasado este mes.
Parece que a mis 21 años voy a tener que preocuparme de pasar agosto sin volverme demasiado loco o sin sentirme muy solo o con mi cabeza entera. Si se puede con ambas juntas, mejor.
Y a ti, ¿te han dejado solo tus amigos (imaginarios) para irse juntos?
- Location:La Serena, Chile
La Barca, bolero
Ya es veintitrés de agosto, y me asombra lo rápido que corren los días. Pero la percepción del tiempo que ha pasado para mí desde estos mismos días, pero de julio, no tiene nada que ver con esa rapidez; recordar el veintiuno de julio me hace sentir el sabor a ya muchos meses... y no van treinta y cinco días, ni más ni menos. Esto de la 'témporo-cepción' es bien intrigante.
Y el antiguo bolero (que creo que cantó Luis Miguel en un momento; le voy a preguntar a mi mamá) corre a mi memoria musical porque con la distancia tengo una idea similar a la del tiempo. Casi siempre me pasa eso con mis amigos que están lejos; el no verlos todos los días debería lograr que piense menos en ellos, pero al final termina pasando al revés. Todo es relativo. Einstein tenía razón, insisto.
Las cosas eminentemente físicas no logran contraponerse con la idea que tenemos de ellas; así una hora se nos hace eterna cuando la clase es fome, el sueño es mucho y las ganas de fumarse un cigarro ya son sublimes. O lo contrario, una hora se nos hace nada cuando las diez conversaciones de MSN están interesantes, la música suena alegre en tus oídos y el libro te espera abierto para repasar la materia de la prueba que harás al otro día.
Ya pasó un mes desde que te has ido de mi vida, o yo me he ido de la tuya. Y este tema de las ideas y percepciones me ronda ahora, que tomo conciencia de la cantidad de horas, minutos y segundos que se han ido sin yo escuchar tu voz ni sentir tu piel ni oler tu aroma. Y mi mente se resiste a creerle al calendario, que ya arrancó la hoja de julio y está empezando a cortar el papel de agosto con suavidad pero con firmeza.
Y también se niega a creerle al plano de la ciudad, que dejó de juntarnos mágicamente todos los días en el lugar de siempre, para que juntos recorriéramos las calles de la ciudad conversando, riendo o simplemente caminando juntos. Ahora siempre hay más de diez kilómetros entre nuestros cuerpos, y no hay calor humano capaz de mantenerse mientras recorre tanto.
Esta distancia en los días y en los metros debería haber logrado que yo olvidase los detalles de aquello tan lindo que teníamos los dos. 'Pero yo no concibo esa razón'.
Ya ha pasado un mes y cada vez que veo frente a mí la esquina donde nos abrazábamos cada vez que eran las siete o las ocho y media o cualquier hora a la que nos viéramos, me quedo un rato parado... como esperando que llegues. Unos segundos después me voy como ensimismado, recordando tantas cosas, trayendo a mí tantos momentos que ya son historia pero siguen frescos en la piel y en la retina de los amores grandes, importantes.
Un mes ya... un mes 'relativo'. Si mi corazón quisiera olvidar todo lo que has significado para mi existir, tendrán que ser muchos los que se quemen en el horno incandescente e inexorable del tiempo para que tu recuerdo logre convertirse en las cenizas que, seguro, no se atreverán a irse de mi lado.
Muy bolero guardado en un disco de vinilo será, pero la voz rasgada por la aguja de diamante cantó una gran verdad. Si hace cincuenta años Manzanero hubiera conocido el márketing y a los canales de música por cable, seguro que triunfaba; en todo caso, cartas perfumadas no han de haberle faltado.
Y tú, ¿recuerdas a alguien con cariño?
- Location:La Serena, Chile
Aquí No Hay Quien Viva
Joder, mi serie favorita vuelve a dar el palo al gato. No me acuerdo del capítulo o quien lo dijo (creo que fue Bea, cuando le tocó dormir con Lucía muy a su pesar). Yo creo que la pobrecita no debió de pasarla muy bien esa noche, tratando de reprimir sus instintos y llorando en silencio ante una realidad que golpea fuerte y así, sin avisar. Pero es la vida, y la mañana llega tarde o temprano; las vivencias del sueño espinudo quedan en la nebulosa y la luz del día trae su propio set de púas.
"De los látigos encuerados del masoquismo, esto de dormir con tu amor imposible ha de ser de los peores. Un ser humano con el criterio formado y con el desarrollo pleno ha de entender la significancia que tiene la cama en una pareja (un templo del cariño, del placer, de las peleas al terminar el día o las tres juntas). Y dejando de lado las ganas de 'hacer cosas' que pueda tener este ser humano, entrar en contacto con el cuerpo querido y mantenerse así toda una noche, sintiendo la respiración acompasada y nada más... Dios me libre.
"¿Qué se puede hacer? Si no hay como evitarlo (vamos, que sería lo ideal) hay que poner la piel dura, el alma de piedra y amarrar las manos junto con los pensamientos en un nudo de marino, y hacerle frente a lo que venga. Serán muchas horas, así que a templar la voluntad. De paso uno puede acordarse del comercial ese de Sprite, 'tu amigo te tiene ganas' y sonreir en silencio pensando en que podrían usarnos como TV star. Anécdotas para distraerse; nunca están de más.
"La parte fome comienza cuando tu mano, sin querer queriando, entra en contacto directo con el cuerpo que yace al lado, con el inocente fin de un cariño. Nadie se queja y uno sigue, quizá pensando -estúpidamente, claro- que con ese gesto algo podemos lograr; al final la mano se nos acalambra por la mala postura y sólo hemos cooperado con que se duerma como tronco. Y nos damos vuelta, tratando de pensar en otra cosa (cada vez más difícil) y el sueño nos rapta. Menos mal.
"Y la mañana llega (no hemos dormirdo cómodos, así que despertamos temprano) y uno se revuelca con suavidad en la cama extraña. El cuerpo yace resoplando que es un gusto y se nos acomoda al frente, como abrazándonos. La adrenalina vuelve a golpear fuerte, y un llamado en vano nos hace comprender que el gesto nació del subconciente que no recordará nada de lo que estamos viendo. Lástima sobre lástima.
"La hora es propicia así que uno ya se aburre de tanto castigo; la ropa está ordenada por ahí cerca, así que nos vestimos rápido y avisamos que nos vamos. Un 'adiós' soñoliento y una revuelta en la cama son la despedida; la noche ha terminado y sólo eso hemos conseguido. Flaco botín para tan mal rato. Ya caminando con los lentes puestos y la música en los oídos, uno siente el peso de lo que ha hecho... y se da cuenta de que lo que queda de día no será mejor que lo que ya ha pasado. La 'parte fome' que comenzó en la noche no tiene ni ganas de acabarse."
No sé por qué hablé de esto hoy.
Es como un manual del looser que no se come una rosca. No diré que soy el más popular de la clase (que norteamericano) pero tampoco soy el peor de todos.
Nadie está libre de una cosa de estas.
Y tú, ¿has tenido que reprimirte una noche entera?
- Location:La Serena, Chile
Podrán haber sido cinco segundos o cinco días los que nuestros ojos durmieron; al abrirlos lo que ven es similar. El cielo nublado, la mar embravecida y quien nos untaba bronceador trata de salvar la embarcación... o sopla el viento para que nos hundamos. El escenario cambia muy brusco, y nuestra mente se despereza tratando de procesar y tomar decisiones antes de que sucumba la nave; lo que se llama 'instinto de supervivencia'.
Pero, como la vida misma, no nos despierta a todos por igual eso. Algunos lo convierten en instinto suicida y gritan como carajos mientras corren desesperados por la cubierta, sin parar de llorar. Resultado, hombre al agua. Otros se lo toman como el instinto de héroe y buscan a otros barcos en problemas, para salvarlos a ellos antes que a sí mismos; resultado, páginas para la historia o una rica satisfacción personal... aunque no siempre la tormenta termina. Y tantas maneras más, tantas...
Pero hay dos que son interesantes. El 'instinto disimulante', por un lado, trata de ocultar su miedo a que todos sepan que no sabe nada de barcos dando órdenes a la tripulación entera, mientras mira el mar con expresión de desafío. No sabe si va a resultar o no; espera que la experiencia de sus hombres y su buena estrella lo saque de la dificultad. La tormenta calma y él sale victorioso, pero el cielo sigue nublado; la navegación sigue pero no puede tenderse a tomar sol. Quizá sea el ojo del huracán y por eso está tranquilo el mar.
Por el otro costado, el 'instinto angelical' mueve sus alas y hace volar sus pensamientos; sabe que el timón no será quien lo saque de la lluvia y el viento. Sujeto con fuerza a la proa del barco, sus lágrimas de pena viajan donde Dios, y Él se da cuenta del sufrir de su enviado y le envía aquello que pocos tienen, pero de lo que muchos presumen: valentía. Las nubes se disipan y el sol vuelve a brillar, y el timón no se movió de su dirección; sabe que nada ni nadie podrá desviarlo de su objetivo. Ser feliz.
Tener ese instinto sería lo ideal, pero no todos tenemos la suerte. Si el barco nos tambalea porque teníamos los ojos cerrados caemos en cualquiera de ellos. Seamos alaracos o mentirosos, tenemos que buscar la manera de llegar al fondo de nuestro corazón y abrir la gaveta de la valentía; sólo ella nos acercará a 'ser' como un ángel y nos ayudará a salir de la tormenta con una sonrisa... y con el rumbo fijo.
No vale la pena hablar de mi instinto... pero sí diré que estos últimos días me he dado cuenta de que mi rumbo no debe cambiar, por mucho miedo que me dé no llegar a mi destino. Ángeles han llegado a mí para guiarme; mi agradecimiento para ellas.
Y tu, ¿que instinto tienes?
- Location:La Serena - Chile
Suelo ser muy despistado cuando camino directo a algún lugar o a ver a alguien; no sé si es porque voy con la mente fija en lo que tengo que hacer o simplemente porque soy hombre y me cuesta hacer varias cosas a la vez. La cosa es que 'paveo' con frecuencia y lo noto cuando alguien me vio y me saca en cara que no le saludé: si no se me pone enfrente costaría que me fije. Hoy no era la excepción.
Día agotador y lleno de detalles divertidos: conversación de música y ruedas ponchadas con un compañero de curso mientras le hacían balanceo a su jeep; reunión formal en un pub en medio de cigarrillos y cerveza; una competencia de saber y no saber en el ABP de la tarde que de estresante pasó a jocosa y constructiva... muchas cosas. Más motivo para andar volando.
Caminaba haciendo hora -serían las cinco y diez de la tarde- y no pensaba más que en lo que estaba esperando; ocupaba mis ojos sólo para no chocar con la gente o no tropezar con esas protuberancias de mierda de la calle, para no estacionar. Los ruidos eran normales, supongo; mis oídos se divertían con la música y yo cantaba en sordina, mientras la gente se divertía mirando.
Y sin querer queriendo miré hacia arriba.
Pensé en muchas cosas que no recuerdo durante los cuatro segundos en que me detuve para mirar bien; tanto me concentré que hasta olvidé lo que tenía que hacer. Sólo retengo la sensación de quietud que me invadió mientras mis ojos seguían aquello... pero no era una quietud de pradera y brisa que sopla; era la quietud tensa del portal del infierno cuando el personal está almorzando.
Era el brazo grande, alto y azul oscuro de la grúa que trabaja en la obra que están construyendo en el centro. Iba girando de un extremo a otro para recoger algo, supongo, pero se movía... y pasó justo sobre mi cabeza dos veces, de ida y de regreso. Nadie más se detuvo a mirar; quizá ni siquiera se dieron cuenta de ello, o de mí ahí quieto. La gente es tan distraída como yo.
Y esos cuatro segundos me hicieron pensar en muchas cosas, insisto. La mayoría se fueron con la grúa la segunda vez que atravesó el cielo allá arriba, pero me acuerdo de que sentí miedo de que esa mole cayera justo fulminada sobre mí. Una millonésima de posibilidad, pero sentí miedo por ese trozo de la gran torta, como si toda la mala suerte del mundo se quisiera enfocar en mi pequeña persona.
'¿Hice todo lo que tengo que hacer?'
Desde ese momento hasta ahora me ronda en la cabeza esa pregunta.
Y tú, ¿hiciste todo lo que tenías que hacer?
- Location:La Serena, Chile
Albert Einstein
Esa frase vi hoy en clase de metodología, justo cuando abrí los ojos para no cerrarlos de nuevo; el almuerzo a toda carrera y la digestión inevitable, más las luces apagadas y los asientos cómodos del auditorio me hicieron caer en un ya acostumbrado 'sueño'.
Claro, cuando uno se sienta al final no se nota, porque la luz es tenue y el profesor casi nunca tiene tan buena vista. Hoy me senté justo en la primera fila (tan perno yo) y no pude evitar cerrar los ojos un rato. Yo creo que les pasa: cierran los ojos, como que los abren un ratito, algo oyen de lo que se habla y siguen con los ojos cerrados.
No es un sueño reparador, pero uno es capaz de transportarse muy lejos de la clase; como si el subconciente tomara el poder, pero teniendo en cuenta que hay que abrir los ojos de vez en cuando por si acaso. Tengo que haber abierto los ojos unas cuatro o cinco veces en unos 25 minutos; la clase duró unos cuarenta.
Yo creo que soñé cosas, porque cada vez que abría los ojos 'sabía' que estaba pensando en algo pero nunca me acordaba; también debe de haberles pasado cuado despiertan en la mañana, con un sabor agradable, como si vinieran llegando de un viaje que sienten que fue perfecto, pero no saben por qué. Llega a dar rabia invertir minutos en acordarse de un sueño, más cuando valió la pena.
Supongo que los deja vú tan mentados son sueños que uno tuvo y que revive en cualquier momento... pero, entonces, ¿podemos ver el futuro soñando? No tengo ni tiempo ni ganas de averiguarlo, pero quizá la mente es más poderosa de lo que imaginamos, y es capaz de prever el día de mañana o de pasado. Sería interesante saberlo, pero me gusta la incertidumbre.
Y la mente puede ser más poderosa de lo que imaginamos; claro, lo demuestra con creces al ver la frase con la que desperté. El universo no depende ni tiene relación alguna con ella, pero la estupidez es su obra maestra. ¿Somos estúpidos? A cada rato. ¿Por qué? Por todas las razones. ¿Para qué? Bueno... eso es más difícil, pero también me gusta no saberlo. Le pone condimento a mi estupidez.
Ejemplos de estupidez tengo muchos, vividos, viviendo y por vivir incluso. Pero escribirlos es parte de muchos textos más abajo de este. Ahora la estupidez se vive en su infinidad, y se trata de disfrutar en la medida de lo posible. Hasta tratando de recordar un sueño.
Y seguí despierto. Entre escuchar la clase y tratar de acordarme de lo que soñaba se me pasó el rato y salí, ya sin sueño y con la mirada medio perdida, como buscando en el horizonte algo que nadie más podría ver. Mi cara era muy divertida, me parecía verla... 'cara de estúpido'.
Einstein tenía razón.
- Location:La Serena, Chile
Hoy retomé las actividades normales en la universidad; dormí unas tres horas porque no me dio sueño antes, así que el rostro de sueño no me lo sacó nadie. Al llegar me encontraron parecido (no sé cual es la alergia de mi curso de encontrarme parecido siempre a algo) a un 'inmigrante mexicano' o a un 'traficante colombiano' o a un 'latin lover' o todas juntas. Una camisa medio setentera y a medio abrir con un bigote a juego causaron risas y comentarios 'simpáticos'.
Una clase amenaza-inagural nos esperaba a las nueve con el programa y el resto de las cosas que hay que saber. Se viene pesado. Luego de una clase con un venerable y sabio abuelo -serían las once y diez- no demoré en escapar de la sala. Algo más fuerte que yo me hacía liviano para moverme por la Facultad.
Once y media más menos, y mis ojos se iluminaron por un segundo casi sin darse cuenta... y medio minuto más tarde ya se habían oscurecido, mientras mis manos cargaban un scotch y papeles para pegar. Traté de continuar mis trámites y paseos por la universidad, escuchando de cuando en cuando las órdenes de The Boss, o las sugerencias de The Boss o simplemente a The Boss.
Cuando The Boss se perdió en la niebla, junto a su consorte de seguidores (entre los que me incluyo, por ventura o por desgracia), mis ojos un poco nublados siguieron buscando esa luz que por un rato los iluminó y les dio calor. Como nada apareció el hambre se aprovechó de la situación y me arrastró al casino; más risas de la gente y comía un poco 'en silencio'. Me tragué las ganas de hablar. Y aún no las vomito.
La tarde en el hospital no mejoró demasiado. Compré dos dulces por si acaso, y soporte un par de celíacas horas mirando mi teléfono casi sin saber por qué; esperaba un sonido sin remitente ni destinatario, sólo por el hecho de esperarlo.
Cinco y cinco de la tarde, y casi sin darme cuenta mis oídos oyeron la gloria durante unos treinta y cinco segundos, o quizá menos. Luego me comí los dos dulces ya sin esperanza de iluminar mis ojos, mientras me arreglaba el chaleco en el micro y ocultaba la mirada para tratar de dormir esa media hora de viaje entre una de mis casas y la otra.
A estas alturas del reloj ya entendí que me rinde más entretener mis ojos en algún libro o en la página de la AEG en vez de seguir buscando ese calor fugaz de la mañana. Por hoy, ha sido una batalla casi-perdida: en un momento se pudo, y casi sin darme cuenta me sentí en la gloria, esa extraña gloria que no entiendo bien. Eso me hizo ganar un poco. Pero sólo un poco.
Será para mañana...
Norah Jones sige acariciándome los sentidos. Poco a poco logra su cometido, aunque no lo sabe; yo me aprovecho de su voz y ella conmigo no gana nada. La ley de la vida y de las descargas por internet.
Será para mañana...
- Location:La Serena, Chile
Y tanto frío hacía anoche, que salí de mi casa con una polera, un chaleco con gorro, una chaqueta y una bufanda. Desacostumbrado hasta este 2007; ya es rutina para mí salir con mucha ropa encima. Hasta he pensado en comprarme un gorro para que no se me 'helen las orejas' como diría mi abuela. Pero ya entramos a agosto... tengo que pasarlo no más, y el frío se irá.
El frío no compró entrada; el local estaba muy agradable y la ropa sobró al rato. La música comenzó y una masa de cuerpos danzantes y aún sin sudor comenzó a menearse al compás de lo que saliera de la amplificación; por supuesto que yo engrosaba esa masa. Cientos de pulseras fosforecentes se veían refulgir en las momentáneas oscuridades de la bola de vidrio y los láser.
La música estaba muy fuerte, como debe ser. Mis ojos poco a poco se iban perdiendo entre la multitud, buscando quizá algo interesante que mirar al principio y, con el correr de las horas y el alcohol por mis venas, algunos puntos silenciosos de apoyo para no caer. El baile me ayudaba a mantener el equilibrio, pero el parpadeo verde-azulado-rojizo del láser y las pulseras de color me desorientaban entre tantos rostros, voces, miradas...
Y luego, el humo. Corolario de una mente obnubilada y de una noche con sabor a locura y gin-tónica, el humo que salía a chorros por unos tubos extraños y ocultos nos iba cubriendo en un velo de misterio y colores mezclados, mientras la multitud a la que no le ardían los ojos o le costaba respirar se movía como amparada en la velada oscuridad luminosa del misterio momentáneo en que se veían envueltos.
Y no paraba de salir el humo por sus recovecos, mientras alguno se agachaba a abrocharse las Converse y se perdía en la nube blanca o algún otro se iba a los baños, tosiendo y llorando por la bocanada intempestiva que acababa de golpearle. Humo por todos lados, láser dando miles de vueltas y pulseras de color que no tenían muchas ganas de dejar de iluminar, la noche seguía prometiendo.
La música seguía golpeando mis oídos y me hacía moverme como obseso, casi sin pensar en el dolor de pies que comenzaba o en el poco aire que iba quedando dentro del local. Miré mi reloj, mi pulsera y alrededor, en cuanto el hielo seco se pegó en el techo invisible; muchas caras sudadas se balanceaban en cuerpos danzantes y no pocos ojos se movieron por un segundo al compás de los míos...
Pero el humo regresó y los gritos de placer se elevaron por sobre la música omnipresente. Empujones de parejas alocadas que sintieron el clímax sobre sus cuerpos, quemaduras de cigarro de alguna chica que se movió más de la cuenta, choques con la pared o salpicaduras del Cuba libre que un tipo derramó cuando su mujer bailarina se le montó encima, como exige el koala. Todo eso, en unos cuatro minutos... lo que duró el humo entre nuestros cuerpos.
Cinco diez de la mañana, y el lento que pone fin a la fiesta comienza a sonar. Me enredo entre los brazos de ella y, sin decirle nada, deseo que ese lento no termine nunca... la canción es muy triste y no me siento capaz de dejarla ir. Termina y le beso la mejilla, y le sonrío. No puedo más.
Seis de la mañana, acostado en mi cama, miro la pulsera fosforecente que ya alumbra menos, como cansada de brillar. Aún hace frío, pero la ropa está ya tirada en el suelo, con olor a cigarro y con ese humo como pegado en las costuras. La noche cumplió sus promesas.
- Location:La Serena, Chile
Hablé como si tuviera unos cuarenta y me sintiera nostálgico con los ya tanto años que se fueron... y hace dos semanas y media que cumplí 21 años. ¿Estupidez? ¿Palabras sueltas? Nada, hijo, nada... sería un malagradecido y un niño-viejo si hablara como parezco.
La verdad es que me asombro de lo 'plástico' que he sido durante estos años que llevo ya en la Universidad; la vida antes de eso existe, es cierto, pero era tan tranquila y carente de adrenalina que es mejor mantenerla en los algodones del recuerdo. Revisando por acá y por allá en los lugares donde dejé alguna huella (un gran amigo, un gran enemigo, una carta, una corriente de conciencia, una foto, un recuerdo), la realidad del cambio hace mella en mis ojos.
Vuelvo a caer en el lugar común del de cuarenta años; no se me malinterprete. Yo creo que cualquiera de mis compañeros de curso sentiría lo mismo si analizara sus dos años fuera de la burbuja del colegio y dentro del universo de lo que en realidad significa 'vivir'. Antes de eso quizá ni lo sabemos; los golpes que nos hacen enterarnos de nuestra calidad de hombres ante el mundo son muchos, y vienen muy juntos.
Para mí ha sido de dulce y agraz todo esto. Todo en la vida es de dulce y agraz, pero todos sabemos que siempre es uno mismo el que nota mejor los matices gustativos de sus propias vivencias. Las cosas que me han pasado -y que no me han pasado- me han hecho escribir una biografía llena de olores, formas y texturas dentro de mi cerebro; toda esa mixtura me ha entregado preguntas o respuestas que me han hecho torcer en el momento justo en la carretera de la existencia, o bien me han hecho estrellarme con un auto que venía en contra.
Otro lugar común, ¿verdad?
Puede ser... pero pocos se detienen a pensar en ello. O algunos lo hacen, para quejarse por su 'perra vida' o para torturarse por 'las cosas malas' o para vanagloriarse ante 'los indefensos'. Razones hay tantas como seres humanos en la tierra.
¿Por qué lo hago yo?
Para darme cuenta... de lo plástico que puedo llegar a ser.
No cambiaría nada de lo que ya me ha pasado, y quizá preferiría no saber lo que me tiene que pasar mañana o en una hora más; la vida sabe lo que hace, y ha sabido hacerlo hasta ahora. Me he quejado y hasta he llorado, lo sé; manifestaciones también hay tantas como personas en el mundo.
Y no me queda más que agradecer a la vida, a mi vida, por ser como ha sido hasta ahora. Cada sabor malo, cada textura áspera, cada olor rancio ha sido por algo (porque me lo busqué o por la que algunos llaman 'mala suerte') y para algo ya se ha ido.
Tantas cosas... no me queda más que sentirme orgulloso de mí mismo. Con mis virtudes, defectos, dádivas y vicios.
Eso es algo que no me digo todos los días.
Y tú, ¿estás orgulloso de ti mismo?
- Location:La Serena - Chile
Porque es una de esas 'combinaciones peculiares' de las que salen temas rancios (o interesantes para algunas elevadas mentes) que se extienden por tres o cuatro líneas, haciendo leer entre ellas libros y cerebros enteros. ¿Como creen ustedes que nacen las grandes ideas, los grandes proyectos, los grandes sueños? Cuando uno menos se lo espera, claro está. Frente a una cerveza, frente a un asado parrillero, frente al PC a ciertas horas tardías de la ociosa noche.
Bueno, la improvisación es una ciencia -o un arte, mejor dicho- que muchos usan (y del que muchos abusan, claro está; conozco algunos ejemplos patéticos). El manual de la improvisación perfecta nadie lo escribió, y o es necesario; si se fijan bien todos sabemos hacerlo, más o menos o término medio. ¿Y de qué depende? Es memoria de procedimiento; entre más piensas como hacerlo peor te sale. Imagínense que, mientras pedalean en la bicicleta se ponen a analizar el pedaleo y todo lo demás. En diez segundo están en el suelo.
La improvisación es una de las bicicletas del diario vivir. Se puede usar para muchas cosas, juntas incluso; dar un discurso, mentirle a la esposa para irse de farra, mentirle a la mamá por unos pesos de más para el carrete e innumerables más. Nadie piensa como hacerlo; simplemente lo hace. Y hay actos muy 'humanos' (qué animalesco soné) en los que la improvisación es un arte en sí mismo.
Y en ejemplo que pondré es muy evidente -y contraproducente al mismo tiempo- porque creo sin temor a equivocarme que ha de ser uno de los temas de los que más se ha escrito en esta vida; miles de manuales y tutoriales y videos y grabaciones y todo... y hay gente que pierde su tiempo 'tratando' de aprender lo inaprendible en todo ese material que, apilándolo junto, no parece más que un montón de mierda. Pero algunos necesitan ganarse la vida, ¿cierto? Yo seré matasanos, así que sin comentarios.
S.E.X.O.
Cuatro letras súper inocentes, pero es la palabra que más bolsillos llena (y vacía) con diferencia en este planeta de animales 'educados' pero no por ello carentes de feromonas, como el resto de los seres vivos. Y más encima tenemos celo perpetuo, así que el negocio crece aún más, casi a la par del número de polvos que se hacen por segundo en todo el mundo. Mujeres con hombres, hombres con mujeres (no es lo mismo, nótese), hombres con hombres, mujeres con mujeres... hay para todos los gustos.
Como decía más arriba, acerca de esto abundan los manuales y demás basura (el famoso Kamasutra -dibujos fantásticos de helicópteros y tortugas que requieren de la flexibilidad del dios Shiva para hacerlos realidad- un 'manual de como agrandar tu pene' -pobres tipos que no saben usar lo que tienen y pretenden hacer que cunda un aparato que, por esa misma estupidez, nunca podrán dominar, por muy grande que sea- videos porno varios -que están permitidos sólo para adolescentes prepúberes que tienen las hormonas en las manos y no pueden dejar de moverlas- y mil cosas más). ¿Alguien me podría decir de qué sirve todo eso?
Mata la improvisación, introduciendo en el juego de la alta temperatura el factor anti-sorpresa que es tan matapasiones como el olor a pies con hongos o el aliento a demonios. En este tema del sexo la improvisación es escencial, porque no permite que tu compañero o compañera sepa con qué saldrás, a la par de que esperas cualquier cosa de quien te ama en ese momento. ¿Será muy entretenido hacer el amor mientras se mira la página sesenta y tres del Kamasutra, para intentar hacer una pirueta acrobática que te cansará más que todo el acto sexual que mueres de ganas por tener?
¿Cual es el afán de institucionalizarlo todo? No podemos convertirnos en burócratas de nuestra propia existencia; para esto están el Fisco y los trámites universitarios. Aprovechar el don de la improvisación no está en los diez mandamientos, pero Dios nos regaló el libre albedrío y deberíamos recordarlo más seguido.
¿Acaso no es rico un polvo que salió de la nada?
Es mejor que ese sexo 'soñado' después de meses y meses de planificación y ajuste...
¡Viva el amor libre!
¡Viva la improvisación!
¡Y vivan las 'coincidencias peculiares'!
- Location:La Serena, Chile
Han sido días de 'percatarme' de cosas, de 'replantearme' cosas y todo eso. Vamos, que inventar una reinvención a estas alturas del blog es una chorrada que nadie se traga, pero supongo que algo así es, de nuevo. Aunque no; más bien es un autoanálisis que me lleva a darme cuenta de 'cosas'... Novedad ninguna a tantas otras ocasiones, pero esta vez cargo con una alta dosis de fuerza de voluntad; esa fuerza tan útil pero tan escasa en personas como yo. Hay que aprovecharla."
Joder que uno se complica la vida gratis, ¿no? A veces las cosas están bien en la vida; o sea, no nos ha pasado nada malo ni esperamos que pase. Todo debiera estar en orden, para cualquier mente que funcione. En ese momento prende la chispa malévola del sufrimiento (o idiotez, como quieran llamarlo), y busca algún pretexto tonto para mantener fijo el pensamiento en asuntos que 'hagan mal' y todo eso.
La soledad, el agobio de la compañía, los problemas económicos... mil y una cosas que esta chispa trae al cerebro que usamos para no dejarnos en paz. ¿Por qué hacemos esto? ¿Qué pulsión tan misteriosa nos hace torturarnos gratis con cualquier tontería que bien podría ser obviada para tener un rato de paz? ¿Se puede evitar? Muchas preguntas...
De por qué lo hacemos es un poco complicado de responder; no estaría pediendo el tiempo escribiendo si lo supiera. Con lo de la pulsión lo mismo; el que descubra el gen que me avise, para postularlo al Nobel. Acabaría con muchas depresiones y terminaría siendo un héroe de la medicina... aunque quizá produzca sobrepoblación por desaparición de los suicidios. Bueno, ese no es asunto de médicos. Evitarlo... complicado también, pero no del todo imposible.
Claro, la mente es tan amaestrable como un cachorro. Si Pavlov quisiera usar humanos en vez de perros para enseñarnos a saludar después de la campanada, lo más probable es que lo logre; somos animales dominados por la recompensa como cualquier otro. Pensamos, es cierto; pero el poder de la razón no es lo suficientemente poderoso como para contrarrestar el poder del instinto. Lo dice una ninfómana, lo dice un comprador compulsivo.
Entonces educarnos es posible. ¿Por qué no educarnos en evitar sufrir? Hay un programa que se llama 'Pare de sufrir', pero dudo que pase de una chorrada que saca millones y estafa a millones. Esos tipos tienen un morro que se lo pisan... y lo peor es que hay gente que se lo cree. Bueno, pero no iba a hablar de eso. Nos haríamos millonarios diseñando el método para dejar de sufrir (vamos, que no es para tanto; 'complicarnos la vida suena mejor'), y de paso dejamos a muchos sicólogos sin pega... pero tampoco es la idea regalar sufrimiento a otros.
¿Por qué no lo hacemos?
Porque somos masoquistas desde la cuna. No podemos evitarlo nunca; ha de ser un gen excesivamente dominante que se expresa sin parar, y nos muestra su sutil pero gran poder cuando un hálito de paz sopla en la habitación de aire quieto que es -o debiera ser- nuestra vida. ¿Y el poder del instinto y la educación y todo? Bueno, eso ya no depende ni del terapeuta ni del Papa ni de nadie más que de uno mismo. Tomar conciencia y reflexionar y toda esa 'mierda linda' que alguien podría decirnos se vuelve irrisoriamente útil.
Al igual que muchos en el mundo, yo he sido un masoquista hasta hace poco. Torturas vacías al hablar, torturas con contenido acuoso (vamos, hablaba de las lágrimas) al no hablar, tortura profunda al pensar... No debería quejarme de nada, pero ahí va la burra al trigo con el idiota que se queja y sufre y todo. Y más encima se lamenta a viva voz, para que el resto 'se de cuenta'. Como si sirviera de algo... (¡Bah! Ya hablé de eso en otro posteo).
Pero había que darse cuenta.
¿Masoquismo?
Una mierda...
Espero que todos ustedes también se den cuenta del tiempo que pierden al sufrir gratis. Si están tranquilos, si están en paz, si nada tangible los está atacando... ¡Disfruten! Que la vida son dos días...
'El toro se abalanza sobre mí... Tengo los cuchillos listos. Lo estoy esperando... las piernas tiemblan, es inevitable; pero la suerte está echada.'
- Location:La Serena, Chile
Cuando alguno de mis conocidos o amigos me dice que soy bueno para quejarme se me viene el 'quejicus' a la cabeza, e imagino que tengo el pelo igual de aceitoso que Snape... De corriente me escudo en mi desahogo, en que necesito contar mis problema spara sentirme mejor; pero he oído o leído tanto este sutil comentario, que creo que no lo dice porque sí.
¿Qué busca una persona cuando se queja?
Buena pregunta... Si yo soy bueno para quejarme debiera de tener la respuesta, pero en verdad no se me ocurre nada. Entonces es un acto reflejo... Mal pues, porque significa que tomar conciencia de él y arrancarlo de mi comportamiento costará más; es como una enfermedad mental de esas potentes. Tratamiento siquiátrico incluido. Pero como no creo mucho en esas cosas, asumo que tendré que poder con mi mente. Hasta ahora no me he defraudado.
¿Qué busca una persona cuando se queja?
Aún no lo sé... Lástima. Claro. Si alguien me tiene lástima cuando me quejo, me dirá cosas que me llenen de la satisfacción que no me estoy esforzando por conseguir; estoy convirtiendo las oportunidades de cambio en sutiles palabras que de ser útiles pasan a ser imprescindibles. Un pronóstico negro, por decir lo menos. ¿Desde cuando que unas palabras de ánimo más vanas que llenadoras solucionan los problemas de fondo? No sé en qué mundo estoy viviendo...
No es que reniegue de lo que la gente que me quiere pueda decirme; los alientos y las palmadas en el hombro siempre vienen bien. Lo puede decir hasta el tipo más cerrado e introvertido. Pero cuando ese 'recibir' pasa a un 'motivar', y ese 'motivar' se combina con un 'esperar', el resultado no puede ser bueno en ninguna mente. Lo que se obtiene es un tipo bueno para gritar sus carencias, olvidar sus potencialidades y lanzarse al suelo con actitud de víctima... esperando unas palabras que no se convertirán en el milagro necesario para cambiar el rumbo de su vida.
Este tipo debiera de usar sus fuerzas para plantarse en suelo con los pies firmes y la mirada al frente, para administrar su tiempo ocupando menos palabras por segundo e invirtiendo en actos; si bien éstas son más lentas rinden más a la larga. Siempre lo tangible supera a lo etéreo en este mundo, no importando el margen; en este caso quizá no se nota, pero con el tiempo se nota los resultados.
Es como ir al gimnasio. Uno no puede esperar un cuerpo de guardían de la bahía a las dos semanas de haber ido, ni menos puede frustrarse por no lograrlo. El que lo hace es un idiota. El tipo del que hablo, el quejicus, necesita un gimnasio para sus decisiones; estas irán cambiando poco a poco y así, a cuentagotas, se irá dando cuenta de quelas cosas van cambiando sutilmente de color. Y no gasta tantas palabras... Total, ¿a quien le sirven las palabras?
Tanta palabra no puede ir al tacho de la basura, o quedar olvidada en este blog por siempre jamás.
¿Qué hace un hombre frente al toro en la plaza, con ochenta mil personas azuzando a la bestia?
Torear...
- Location:La Serena, Chile
"La canción dice que 'nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes'... Frase célebre o consuelo de tontos, algo de cierto tiene. Pero es tan típico hablar de estas cosas en los momentos en que se las recuerda, que la sola perspectiva de meterme en el tema me da alergia en los dedos. Pero se me vino a la mente en medio del vendaval de polvo que me agobia hoy. Cuando las cosas se mueven dentro de uno aparecen detalles un poco olvidados; eso pasó con el sentimiento de pérdida.
"Además no podría ser tan patético para ponerme a hablar de algo que en verdad no siento. Porque hay que perder algo para sentir que se ha perdido... Y no he perdido nada, que yo recuerde. Mi situación se refiere a una simpleza casi paradójica, a unas frases casi cínicas, a unos momentos casi pérfidos. ¿Tuve algo para perder? ¿Me quejo por recordar mis manos llenas o por no saber que es tenerlas llenas?
"Esta noche ha sido de reflexionar estos temas de una forma inusitada en mí. Está bien: suelo escribir lo que me pasa -más aún en este blog- pero hoy las palabras han salido de otra manera. Puedo escribir de maneras más inteligentes y menos mamonas de lo que esperaba de mí mismo. Un pequeño descubrimiento en esta vida que novedades tiene pocas. Y no porque no lleguen, sino porque simplemente no pueden existir.
"Hace un rato dije que mi vida es como esas ruletas con premios que Don Francisco tiene en Sábado Gigante. El fabricante dividió la circunferencia en triángulos donde puso mis 'destinos' o mis 'premios', y situó en el panel la flechita que detiene el girar de la rueda. El participante giró con fuerza mil veces de la rueda de mi vida, y siempre cayó en una nube de lluvia, un nuafragio o un vuelo de avión que se estrelló. Don Francisco quedó con hipo de tanto reírse, y tiene risa para rato.
"El fabricante de la circunferencia de mi vivir olvidó poner sucesos buenos en los destinos disponibles; por más que el participante -mi suerte o como quieran definirla- gire y gire para ver qué me sale, siempre tendré que decepcionarlo. No tengo nada bueno que mostrarle; la suerte es obstinada, ya lo sé, pero no está sacando nada más que músculos al intentar ganar una apuesta que viene perdida de fábrica. En todo orden de cosas, el destino que obtenga mi suerte vendrá, a lo menos, viciado con algún veneno de letalidad lenta o acción instantánea.
"Y no vengo con garantía de cambio... Así que la mala suerte que tuvo mi suerte al toparse conmigo y arraigarse aquí será eterna. Le serviré de eterno gimnasio y fuente inagotable de perseverancia y esperanza, y nada más. Yo seguiré mareándome y esperando cada vez menos por un 'milagro giratorio' que me haga sonreír con un poco menos de vacío. Lss esperanzas de mi suerte son las que a mí me abandonan, y será tanto así que me convertiré en un hombre sin alma, en un ente mecánico que se limitará a vivir por obligación, a querer por cumplir y, en última instancia, a morir por convicción y profundo deseo.
"¿Alguna causa de estos pensamientos?
"Ninguna nueva, en verdad... Sólo es el acúmulo de evidencias que me hacen ver que no tengo capacidad ni recursos para cambiar mi destino. Simplemente no puedo ni podré nunca. Circunscribirse a un único camino para desarrollar la vida es algo patológico, lo sé; cuando los demás caminos son los que te obligan a caminar siempre por la cuerda floja del sinsentido, no queda más que tragarse la amarga enfermedad y seguir... hasta que la cuerda quiera cortarse; quizá por mi propio peso, quizá por la aguda y sonora risa de Don Francisco...
"¿Locura? Puede ser... ¿Quejumbrismo? También, según algunos... ¿Desesperanza? Supongo... ¿Verdad? No la conozco... ¿Destino? Con ilusiones lo marqué... pero no pude escapar."
- Location:La Serena, Chile
'Supongo que esto de quejarse no está muy bien. Ha de ser el sol grandote que hace, y el montón de pega que me queda por terminar. Llevo años de servidumbre mansa y sin palabras más que un <
'Bueno, en la lista de prohibiciones pegada en la puerta no he visto que diga 'prohibido preguntar por qué la jefa es la jefa, según el decreto-ley número xxx'. Son tantas que no me las sé de memoria; creo que ninguno de nosotros se las sabe. Sí tengo claro que no está prohibido no saberse las reglas, porque ya nos habrían azotado en el hall de la casa. Normalmente el sr. contralor grita a viva voz la regla quebrada al momento de castigar. Esa no la he oído en miles y miles de azotes...
'En verdad hace calor... A mí nunca me han castigado. La jefa no me conoce -o no me recuerda- y no ha mandado a que me peguen. Hago mi trabajo y no pregunto. Son años de costumbre... supongo que para todos es igual. Bueno, menos para el sr. contralor y los otros mandos altos de la casa. ¿Cuanto tiempo llevarán ahí? ¿Por qué están ahí? Nadie de los viejos ha contado que les preguntaron si querían que ellos fueran lo que son ahora, así que votación no hubo. La jefa los habrá elegido, y creo que no quiero saber cómo los seleccionó.
'Este calor me está aburriendo ya, y aún no encuentro lo que la jefa me pidió. O lo que mandó a pedir; se ajusta más a la verdad, porque creo que nunca en la vida la he visto de frente. Sólo cuando entreabrimos la puerta del salón de conferencias en la casa, sabiendo que tiene invitados. Los mozos entran y cierran la puerta tras ellos, no dejando escapar ninguna luz; nosotros pegamos el ojo al resquicio que abrimos para ver... y está ella. No es grande, pero tampoco pequeña; no es majestuosa, pero tampoco andrajosa. Es la jefa. nada más.
'¡Ah! Me está doliendo la cabeza, pero creo que esto se parece a lo que la jefa quiere. No entiendo para qué puede antojársele esto, pero allá ella... me tocó obedecer, y creo que no soy el único. Somos varios los que andamos en esto. Ya, voy a cargarlo... ¡Joder! Está muy pesado, y no sólo me pesa a mí. Esta jefa... ¿por qué tengo que hacerle caso? Me gustaría saberlo, pero no tengo a quien preguntarle. Si le cuento a mis hermanos me mirarán feo, y capaz que hasta alguno corra a contarle al sr. contralor para que me pegue. Hay que tener cuidado hasta con los pensamientos en esta casa. Será muy grande, pero todo se sabe.
'Ya veo la casa... Ya es poco el trecho que me falta por cubrir con esta cosa. Algunos ya llegan con su carga; otros aún las transportan como yo. En fin... creo que la jefa va a acumular grandes reservas. Y tiene suerte, porque el entorno está tranquilo y abunda en el material; no habrá hermanos perdidos. Nos ha tocado llorar en silencio por la partida de, a veces, demasiados hermanos. Pero el sr. contralor acalla los gemidos con el látigo, y seca las lágrimas con palabras que secarían hasta el alma de la jefa misma, si se las dijera. Pero supongo que no lo hace...
'La sombra se hace sobre mi cabeza; la casa ya está sobre mí, y la carga llegó a su destino. Un cartel en la entrada del hall dice "los que traen azúcar morena vayan hacia la despensa 4". Es un poco lejos, pero en dos minutos estoy allá. A seguir caminando con esto. Veo la puerta de la despensa cuatro, y hay una fila más o menos larga de compañeros descargando. A mi lado pasan los que ya dejaron su bulto, seguramente yendo a descansar o a hacer otra cosa. Frente a mí está la puerta de la despensa. Abren para que entre, y el sr. contralor en persona me mira fijo. Levanta su látigo mientras me grita que me equivoqué de carga. Una lágrima alcanza a correr por mi cara, porque me dices cosas tan feas...
'Me va a pegar. No quiero. No... Por favor, sr. contralor, no me pegue... No... No. ¡NO!'
Desperté como demasiado brusco para el sueño que tengo. Miro el reloj. Las siete y cuarto de la mañana. Pero si llegué recién a la casa... ¿Qué estaba soñando? No sé... Me duele la cabeza. Me duele la mano. No me he sacado la ropa siquiera. ¡Ah! Me pica la mano. Una hormiga me picó. La veo... ¡Ya! La maté. Ahora, a seguir durmiendo...
- Location:La Serena, Chile
